La ramera

Semana 02, enero 2013

Yo soy aquél

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Una vez escribí un artículo despotricando sobre La Pasión de Mel Gibson. Al día siguiente recibí una carta amorosa de un cristiano católico apostólico romano donde decía que mi problema era que no veía la película “con los ojos enamorados de Jesús”. Supongo que fue por eso. o también porque Gibson te hace sentir culpable por el hecho de haber nacido. Viene a decir que Cristo se hartó de recibir palos por nuestra culpa, para redimir nuestros pecados. Me sentí mejor viendo El evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini, porque ahí todo giraba en torno al amor. Al fin y al cabo, el amor por el hombre es el centro de todo el cine de Pasolini; sólo hay que ver las caras de sus personajes, esas caras. Nada comparado con la cara de piñata de Jim Caviezel.

Otro asunto importante de El evangelio según San Mateo es su naturalidad. Cuando alguien toca el tema de Jesús como algo muy natural y muy terrenal, se arma la de Dios. Le pasó a John Everett Millais con el cuadro de Cristo en casa de sus padres. Ahí aparece la sagrada familia en la carpintería con un aspecto muy de clase obrera, con San José como maestro carpintero.  La Historia ha sido muy injusta con los maestros. Sin Francisco Pacheco, probablemente Velázquez no habría llegado a pintar el cuadro de la Vieja friendo huevos. Darth Vader fue un desagradecido con Obi Wan y la Biblia ha tratado mal a San José. El pobre seguro que le inculcó buenos valores al revolucionario de su hijo. Después Cristo se fue a hacer la guerra por su cuenta y a buscar su propia gloria.

El resumen de todo esto lo hace la Epístola de los romanos: “somos vencedores por medio de aquél que nos amó”. La diferencia está en pensar si es Aquél o aquél. / Quinta

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