La ramera

Semana 04, enero 2013

Una buena digestión

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El futbolista inglés Gary Lineker soltó aquella famosa frase donde decía que el fútbol son once contra once y siempre gana Alemania. En el caso de los Oscar, yo digo que son unos premios de la academia de cine americana donde siempre ganan los hermanos Weinstein. Tenía gracia cuando de niño creía que el Oscar se lo llevaba la mejor película del año, cuando en realidad los premios caen según quien las distribuya o la cantidad de amigos que pueda tener en la Academia. A partir de ahí se pueden hacer quinielas siguiendo un juego de especulaciones. Pronosticar al estilo Uribarri. El caso es que, como muchos show-business, es difícil desengancharte. De acuerdo con la Directiva europea 89/107/CEE, una de las principales funciones de los aditivos alimentarios es la de potenciar la aceptación del consumidor. Los Oscar son un aditivo alimentario, unos risketos, una porquería que gusta. Las películas nominadas cada año suelen entrar en el saco sin fondo de las must-see, esas que no te puedes perder porque pasarán a los anales. Un término muy apropiado, sólo hay que tener una buena digestión y pronto pasarán a los anales.

Hollywood es una especie de Mordor, va forjando anillos y todos se parten la cara por conseguirlos. Pero también existe una Tierra Media donde pululan esos que viven al margen del negocio, blogueros que se dedican a  recuperar y revisionar clásicos, o descubrir rarezas, ya sea cine mudo, terror de serie B, o películas españolas de la Transición. El filósofo Guy Debord hablando una vez sobre su amigo, productor y editor Gérard Lebovici, comentó que éste había publicado muchos más libros clásicos que textos subversivos contemporáneos. Debord venía a decir que tirar de los clásicos en tiempos de crisis se convierte en un acto subversivo. / Quinta

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