La ramera

Semana 01, enero 2013

Hienas conversas

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Muchos políticos son como hienas, no porque coman carroña, que también, sino porque aparecen riendo cuando nada hace gracia. Esa característica es muy común en los clásicos villanos del cine. Aunque en algunos casos son risas descorazonadoras. Recuerdo al niño protagonista de Camino a la perdición preguntándole a Daniel Craig por qué está siempre riéndose y él contesta que todo es jodidamente gracioso. Esa era la etapa ‘careto de malo’ de Craig, antes de su ‘careto tipo duro’.

Para ser malo sólo hay que poner gesto de no haberse traído las gafas de lejos, pero hay algunos que ya tienen una fisonomía un poco diabólica. Esos con cara de poner petardos a las mierdas de perro por la calle. A William Forsythe o Michael Ironside no les quedaba otra que quedarse con el papel de villanos. Lo mismo le ocurre a Dominique Strauss Khan, que todo el mundo le culpaba nada más verlo. Abel Ferrara va a llevar su historia al cine y ha elegido de protagonista a Gérard Depardieu, con la cara de buenazo que tiene. Supongo que quiere demostrar su inocencia empezando por ahí.

También está el caso de los villanos conversos. Mira Saulo de Tarso, que no paraba de matar cristianos hasta que se cayó al suelo, le llegó una revelación, se convirtió en San Pablo y fundó la iglesia cristiana. El hombre era extremo para todo. También hay casos en las fábulas tradicionales. En Senegal hay un cuento llamado El pajarito y la hiena donde el pajarito no se atreve a bajar del árbol por miedo a que la hiena le coma, mientras que ésta le pide que baje para cuidarlo. Al final el pajarito se fía y la hiena lo cuida para siempre. Ojalá que la historia de España acabe como el cuento senegalés. / Quinta

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