La ramera

Semana 45, noviembre 2012

Resucitados (sin rematar)

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A Jesucristo le bastaron tres días para resucitar. A Mickey Rourke le ha costado varios años. Su resurgir puede que se lo deba a Robert Rodríguez o a Darren Aronofsky, el caso es que a uno de los dos le debe una buena comida en el Asador Donostiarra. A esto se le podría llamar el efecto Tarantino, por aquello de haber resucitado a John Travolta en Pulp Fiction. Con el ego que tiene Tarantino seguro que se adjudica el papel de Dios. En cada película le gusta rescatar a un actor olvidado y ahora parece que va a hacer lo mismo con Don Johnson. No sé porqué pero creía que este hombre había muerto. Antes me pasaba con los actores mayores. No sabía si Francisco Rabal o Juan Luis Galiardo habían fallecido; pero con esto de las redes sociales ya no sabes quién está vivo. Actores como Owen Wilson o Miley Cyrus ya han muerto alguna que otra vez en twitter o en facebook.

Un famoso se podía pegar varios años o décadas en la pomada, pero ahora duran menos que Álvarez-Cascos como presidente de Asturias. Antes solo estaban Joselito, Espinete y Torrebruno, y ahora hay que repartir más el tiempo con tanto famoseo. Ya avisó Warhol que en el futuro todos tendrían sus 15 minutos de fama mundial. El caso es que a actores como Travolta no les ha faltado el trabajo aunque fueran papeles malos, pero hay otros que no pasan de ser meros extras. Tengo un amigo en Los Ángeles buscándose la vida como actor y la verdad es que tiene que ser duro. Yo confío en sus posibilidades, no es que espere que salga en El hormiguero bailando con Justin Bieber, simplemente me conformo con que se pueda ganar la vida con eso, que ya es mucho. No estaría mal que se convirtiera en uno de esos míticos secundarios. Esos que han estado en todas las películas sin excepción, actores como Judge Reinhold, a los que le han cambiado el nombre por “Este es el de…”.

El filósofo Zygmunt Bauman comenta que estamos en tiempos líquidos, en una modernidad líquida. Antes construías el conocimiento como quien construye una casa. Ahora se parece más bien a un tren que pasa sobre los raíles y no deja ninguna huella en la tierra. Más allá de que un actor pueda hacer buenas o malas películas, que le rescaten o dure dos días, un gran logro sería dejar huella con su trabajo, aunque no sea necesariamente en el Paseo de la Fama. / Quinta

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