La ramera

Semana 46, noviembre 2012

La oposición

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Ahora que el oficio de repartidor de hielo parece que va a desaparecer, hay que buscar otros caminos. Algunos especialistas recomiendan que nos metamos a curator, que suena a sacerdote asesino, pero que viene a ser un intermediario del conocimiento que busca y filtra lo más relevante dentro de su especialidad. En el caso del audiovisual, como nos llegan tantas imágenes desde cualquier lugar, no está mal que haya clasificadores y recicladores. Los hay de todo tipo, desde los que crean nuevos discursos a partir de material ajeno hasta los que hacen simples compilaciones. Esto de las compilaciones tiene su miga, hay que pasar mucho tiempo devorando vídeos para llegar, por ejemplo, a las 100 risas más malignas. En ese recuento solo falta una, la del crítico de cine, uno de los personajes más malignos del mundillo del cine.

La función del crítico es la misma que la del curator, separar el grano de la paja. La diferencia está en la capacidad de generar crispación. Los ‘content curator’ de las redes sociales son más bienintencionados, unos “bienqueda”; los críticos son más malasangre. Bueno, no nos pasemos. Suelen tener muy mala fama, pero los pobres están ahí para filtrar y para discutir. Si no discutiéramos sería esto muy aburrido. La polémica es la base de la crítica, genera pasiones, y del conflicto se suele descubrir si algo es bueno o malo. Parece como si los críticos tuvieran que escribir disculpándose o comenzar cada texto con un “en mi humilde opinión creo puede que a lo mejor pero es mi razonamiento que la película…”. Más bien debería ser al contrario, al estilo de Unamuno, preguntar de qué se habla, y oponerse. / Quinta

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