La ramera

Semana 36, septiembre 2012

La mirada limpia

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Paseando por un centro comercial, hubo un momento en el que dejé suelto a mi sobrino de dieciocho meses para que se moviera a su libre albedrío. Se metió en la sección de cine de una tienda y volvió dando saltos con un deuvedé del Cantajuegos. Con los bollycaos o las hamburguesas de McDonalds siempre se le echa la culpa a los aditivos y “esas cosas que le echan pa engancharte” como diría mi prima, pero con el Cantajuegos uno se encuentra desnudo ante el misterio de los superventas. Si todo el mundo va a ver Avatar se entiende que es por la cantidad de dinero que se han dejado en comunicación y marketing, pero en este caso puede que se trate del best seller más puro, porque miles de niños no pueden estar equivocados.

Vamos a dejarnos de engaños, gran parte del secreto está en comerle la olla a los padres, porque un niño puede flipar más con un envoltorio que con el propio regalo. Cualquiera pierde la paciencia ante un plano fijo de ocho minutos de una película de Bela Tarr; en cambio, otro de mis sobrinos se puede pegar media hora lanzando una llave al aire y escuchando el sonido que hace al caer el suelo. Los niños necesitan una rutina pero, dentro de esos hábitos, tienen una increíble capacidad de sorpresa. Es evidente que están descubriendo el mundo. Esa mirada me recuerda al cine de Jonas Mekas, quien no necesita crear nuevos mundos, sino que rebusca en la cotidianidad, revaloriza los detalles que damos por conocidos, encuentra la belleza en cosas sencillas.

La capacidad de sorpresa de los niños viene acompañada de lo impredecible. A una de nuestras sobrinas, cuando tenía dos años, la sentamos a ver Las aventuras del príncipe Achmed de Lotte Reiniger. Nos habían advertido que no aguantaría porque nunca había visto un largometraje, no daban un duro porque le gustara. Y sin embargo, estuvo hechizada durante una hora con los colores y las formas de esa película, y eso que las animaciones de la alemana distan mucho de los dibujos actuales. Al final, nunca sabes por donde te van a salir, mientras que los adultos parece que nos volvemos cada vez más soberbios y predecibles. / Quinta

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