La ramera

Semana 38, septiembre 2012

Guarretes

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Nunca he tenido un director favorito, pero por decir uno, le mencioné a Pasolini. El tipo me dijo que “ese era un guarrete”. Quizá lo decía por su trilogía de la vida, las adaptaciones que hizo de El DecamerónLos cuentos de CanterburyLas mil y una noches. Hace cuarenta años también pensaron que era un guarrete, cuando su intención era mostrar el amor y el sexo sin ataduras y mostrar cuerpos con naturalidad. Pasolini acabó un poco quemado con las críticas, y además pensaba que la liberación sexual de los sesenta era una pantomima, y los cuerpos se habían convertido en un comercio. A veces se usa como producto y otras, para destruir o desprestigiar. Esa ha sido la manera de atacar a algunos políticos, desde el presidente de Estados Unidos a la concejala de un pueblo de Toledo. Algunas películas políticas del año pasado, después de mucho divagar sobre los entresijos del poder, las resolvían con un problema de faldas. Una de las conclusiones que saca Adam Curtis en el documental All Watched Over by Machines of Loving Grace, es que Ayn Rand, icono del liberalismo, era una reprimida.

La monarquía se sigue echando las manos a la cabeza por una teta al aire, pero en el cine comercial va entrando cada vez con más soltura, al igual que el sexo. Una serie icónica en este sentido fue Sexo en Nueva York. El problema es que hablaban mucho pero a la hora de mostrarlo, a excepción de Samantha, eran un poco mojigatos. Ahora tiene una digna sucesora con Girls, donde se habla y se muestra. El único ‘pero’ es que todos los personajes y parejas que desfilan por la serie lo practican de la misma manera; hablando mucho y con comentarios un poco bochornosos. Se nota que todas las relaciones salen de la cabeza de su creadora, Lena Dunham. Pero ahí está la tía, enseñando sus curvas sin que parezca un producto.

Otro guarrete que me gusta es Hong Sang-soo. No es un sucesor de Pasolini porque, entre otras cosas, el sexo suele venir de relaciones amargas, pero tienen cosas en común, como la naturalidad. El director coreano graba el sexo sin buscar la plasticidad, y viene a ser un espejo de la personalidad y el estado de ánimo de sus personajes. / Quinta

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