La ramera

Semana 23, junio 2012

Lecturas

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Uno de mis sobrinos ha leído cientos de veces su libro favorito. Es el clásico libro de animalitos de granja que tiene botones y, si los pulsas, emite el sonido de cada animal. Además de leerlo, lo ha mordido, lo ha revoleado, lo ha destrozado, le ha sacado los cables y ha conseguido, bajo su propio asombro, que la oveja cacaree.

La larva de la mariposa Falena polifemo de Norteamérica ingiere una cantidad de alimento mucho mayor que su propio peso, y está la vaca rumiante que prefiere procesar la comida con calma e incluso volver a comer lo que ya ha ingerido. En la cinefilia, como en el mundo animal, hay de todo. Está el que ve las películas una sola vez y las va tachando de una lista, como si fuera un álbum de cromos interminable. Está el que sigue a un director como si este fuera un delantero del Barcelona. El que solo ve comedias americanas. También tengo un amigo que se pone La escopeta nacional mientras desayuna, almuerza y cena. Por cada espectador hay un Cine. En realidad, cuando ves una película por primera vez, no terminas de verla, siempre vas descubriendo cosas. Del primer visionado al segundo, ya ha cambiado.

Las relaciones del espectador con la obra de arte es un mundo, sobre esto han hablado muchos. Marcel Duchamp, por ejemplo, decía que el acto creador no se consuma por el artista solo; el espectador pone la obra en contacto con el mundo exterior descifrando e interpretando sus características internas y de este modo añade su contribución al acto de creación. Al final el espectador llega a transformar la obra. Y es que el artista nunca pensó que la oveja cacareara. / Quinta

 

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