La ramera

Semana 24, junio 2012

Dos velocidades

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J.J. Abrams va a adaptar al cine una novela que todavía no se ha publicado. El libro en cuestión es One Last Thing Before I Go de Jonathan Tropper, un escritor que ya entró en la lista de best-sellers del New York Times con su última novela. Es algo así como un rey Midas de la literatura, o como un boy-scout superdotado que vende las cajas de polvorones antes de recibirlas. Esto del mercado va a una velocidad de locos. James Cameron ya está pensando en Avatar 4 y yo no sé qué voy a hacer el mes que viene. Al igual que en Europa o en la idea de educación de Esperanza Aguirre, en el cine también hay dos velocidades. Están los que van dando forma poco a poco a su obra y los que producen películas como si hicieran una huelga a la japonesa.

Abrams, Cameron y Tropper son tipos con suerte. Sus cosas las devora medio mundo. Avatar se pegó varios meses en cartel, mientras que para la mayoría es un triunfo que su película esté dos semanas. Desde luego, es poco productivo eso de pensar en una película durante meses, producirla, grabarla y venderla durante otros tantos, para que después se proyecte durante dos semanas. Puede llegar a ser un poco frustrante. Un par de gitanos de Laurel y Hardy se estuvo pasando en algunos cines de España desde 1937 hasta 1953. El Gordo murió en 1957 con sesenta y cinco años, pero en la pantalla seguía apareciendo con cuarenta y cinco. Oliver Hardy consiguió una especie de inmortalidad.

En realidad, la gloria en el cine, o la imagen eterna, no sirve de mucho; Woody Allen tuvo razón cuando dijo que no quería alcanzar la inmortalidad mediante su trabajo, sino simplemente no muriendo. Desde luego hay muchas vías para conseguir esta imagen eterna; hay quien la busca haciendo caja, y hay quienes lo logran permaneciendo mucho tiempo en las retinas. / Quinta

 

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