La ramera

Semana 13, marzo 2012

Cinetour

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Hace poco un amigo me comentó que no le gustaba hacer turismo. Se refería, al menos, a la concepción clásica, que consiste en visitar cuatro monumentos y hacer un tour de unos días por una ciudad que no conoce. Prefiere quedarse en su ciudad, conocerla mejor y descubrir un nuevo parque con su hijo. Entiende que el turismo es una especie de invasión, donde los lugares han perdido su identidad y se han convertido en otra cosa.

Hay muchas maneras de viajar, y una de las más gratificantes es cuando conoces un lugar de mano de sus vecinos. Si voy a Turquía no solo quiero visitar Santa Sofía, sino también que un amigo me cuente cómo está la vida allí, mientras tomamos un té y jugamos al tavla. Lógicamente, no siempre es posible, es difícil tener amigos en todos los rincones.

Hay películas en las que te acercas a la ciudad de la mano de un cicerón. ¡Lorena! de Huillet y Straub o Douro faina fluvial de Manoel de Oliveira, por ejemplo, son más valiosas que cualquier ruta turística de dos semanas. Algunas obras tienen una mirada muy especial hacia la ciudad. One Way Boogie Woogie de James Benning es algo así como el paradigma del cine contemplativo, y hay mucha gente reacia a ver este tipo de cine. Benning suele hacer películas de noventa minutos con diez planos fijos. Lógicamente, estas películas no son postales ni hacen un repaso por todos los lugares establecidos como lo que hay que ver, lo que no te puedes perder, su intención es otra; pero cuando ves One Way Boogie Woogie, con sus sesenta planos de Milwaukee, encuentras más información que en cuarenta películas rodadas en el mismo lugar. / Quinta

 

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