La ramera

Semana 08, febrero 2012

Final feliz

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El happy end y la definición de Hollywood como “fábrica de sueños” son dos de los motivos que han alimentado la idea del cine como algo ajeno a la realidad. De ahí las expresiones ”ese ha visto muchas películas”, “es un peliculero” o “eso son películas”. No sé cuándo comenzaron a fabricar finales felices, probablemente desde Salida de los obreros de la fábrica, por eso de que era el final de la jornada de trabajo. La película es un happy end en si misma. El caso es que están diseñados para que te vayas tranquilo a casa. No quiere decir que la historia termine bien, sino que han decidido dejarlo en un buen momento.

Algunos dicen que el cine vino a continuar la tradición del cuento. En todo caso lo reinterpretaron, porque muchos de ellos eran violentos y sin concisiones. Disney decidió omitir, entre otros asuntos, que las malvadas hermanas de Bella fueron convertidas en estatuas vivas para contemplar la felicidad de su hermana de por vida. El clásico relato de la venganza también se ha malinterpretado. En las obras que adaptan o se inspiran en La Orestiada de Esquilo se consuma la venganza, el ojo por ojo, pero la idea del clásico griego es que la sangre no llegue al río. Si hubiéramos sabido interpretar el texto, nos habría ido mucho mejor.

Lo cierto es que los finales trágicos siempre han vendido más, ahí están West side storyTitanic Love story. Al final todo se condensa en los dos grandes géneros griegos, la comedia y la tragedia. O en una tragedia cómica, como La escopeta nacional de Berlanga, donde ni fueron felices, ni comieron perdices. Porque donde haya ministros un final feliz es imposible. / Quinta

 

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