La ramera

Semana 07, febrero 2012

Después de Cádiz

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En Cádiz hay una expresión que funciona como mecanismo de defensa. Esa es la teoría de un amigo. Se trata de tehquiyá, que traducido resulta ‘¡anda ya, te quieres ir ya por ahí, hombre ya!’. Por ejemplo, si alguien tiene sueños y ambiciones, y comenta que quiere ser actor, el resto de la gente le suelta esa expresión y le bajan los humos. Al final, esa persona acaba de guardia en un aparcamiento público. Así nadie se sale del tiesto.

Por otro lado, en Cádiz no se hace mucho cine porque tampoco se fomenta. Aki Kaurismaki quiso grabar allí Le Havre, pero le dijeron que las calles eran muy estrechas. Aún así, Tom Cruise soltó a toda una ganadería y no hubo problema de espacio, pero supongo que Aki no tiene tanto poder de convicción.

A Cádiz han llegado pocas películas, entre ellas, La vida sublime de Daniel Villamediana, y La leyenda del tiempo de Isaki Lacuesta. A un amigo, que es realizador y de Cádiz, no le termina de convencer la película de Lacuesta porque tiene cierta envidia. Le da coraje que alguien de fuera haya tratado con tanta sensibilidad el paisaje entre Cádiz y San Fernando. En esa película hay una escena mágica, que Dios sabe cómo la grabaron, donde la cámara sigue la conversación de dos adolescentes mientras tiran piedras a un río. Ellos van hablando con una especie de chulería cariñosa, se van cruzando y la cámara los va siguiendo. Tienen una conversación íntima de estas naturales que no suele recoger normalmente una cámara de cine.

Estados Unidos, a pesar de la producción centralizada en Nueva York y Los Ángeles, tiene una gran cantidad de cine repartido a lo largo y ancho del país: Philadelphia, Chicago, Miami, San Francisco, Las Vegas, El Paso, Boston, Nueva Orleans, Phoenix, y vamos a poner un etcétera. También es cierto que es un país seis veces más poblado y con una producción mucho mayor. Quien quiera hacer algo aquí, tiene que buscarse las papas por su cuenta. Niña repelente, por ejemplo, puede gustar más o menos, pero es un claro ejemplo del triunfo de la democracia en Internet. Tres chavales, trabajando en una antigua carnicería y con tres ordenadores, han hecho una serie de animación puramente sevillana que siguen miles de personas. / Quinta

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