La ramera

Semana 01, enero 2012

Retratos de sociedad

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Mandil de cuero era como llamaban a Jack El Destripador antes de que mandara una carta a la policía firmada con su famoso apodo. En esa carta hablaba de juegos divertidos, de cuchillos afilados y de matar a mujeres. A partir de aquí, todos estos elementos se han ido combinando en infinidad de películas que han dado forma al slasher.

La historia del destripador sirvió para mostrar que el gran imperio británico, primera potencia económica mundial, tenía a su gente hacinada en barrios insalubres. A la prensa le vino muy bien porque así tenía algo morboso con lo que entretener a la gente. Con el slasher americano pasó algo parecido. Estados Unidos iba por ahí rescatando a países del comunismo mientras criaba a familias perturbadas en sitios recónditos de Tejas.

Se le pueden buscar trasfondos sociales y políticos pero el género ha dado tantas vueltas que muchas se hacen por puro morbo. Otras, en cambio, se dedican a jugar con las reglas. Simon Werner a disparu, por ejemplo, está diseñada para defraudar al espectador de slasher. Está continuamente llevándote por caminos sin salida. Va tejiendo historias y el espectador no encuentra las soluciones que pensaba. Después de tanto juego no se derrama mucha sangre, pero queda un completo retrato de la vida en un instituto. / Quinta

 

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