
Mandil de cuero era como llamaban a Jack El Destripador antes de que mandara una carta a la policÃa firmada con su famoso apodo. En esa carta hablaba de juegos divertidos, de cuchillos afilados y de matar a mujeres. A partir de aquÃ, todos estos elementos se han ido combinando en infinidad de pelÃculas que han dado forma al slasher.
La historia del destripador sirvió para mostrar que el gran imperio británico, primera potencia económica mundial, tenÃa a su gente hacinada en barrios insalubres. A la prensa le vino muy bien porque asà tenÃa algo morboso con lo que entretener a la gente. Con el slasher americano pasó algo parecido. Estados Unidos iba por ahà rescatando a paÃses del comunismo mientras criaba a familias perturbadas en sitios recónditos de Tejas.
Se le pueden buscar trasfondos sociales y polÃticos pero el género ha dado tantas vueltas que muchas se hacen por puro morbo. Otras, en cambio, se dedican a jugar con las reglas. Simon Werner a disparu, por ejemplo, está diseñada para defraudar al espectador de slasher. Está continuamente llevándote por caminos sin salida. Va tejiendo historias y el espectador no encuentra las soluciones que pensaba. Después de tanto juego no se derrama mucha sangre, pero queda un completo retrato de la vida en un instituto. / Quinta