La ramera

Semana 49, diciembre 2011

Tusitala

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Qué le gusta a un director novel decir que su intención, su vocación o su trabajo consiste en “contar historias”. Me suelo imaginar a esos directores con taparrabos narrando cuentos y leyendas alrededor de una hoguera. Cuando alguien suelta esa frase podría puntualizar dónde hace hincapié, si en el verbo o en el sustantivo. Si la importancia recae en el hecho de “contar”, está realzando el estilo, la forma. En cambio, cuando la fuerza está en las “historias”, quiere decir que la clave está en el tema, en el contenido. Nunca termino de enterarme cuáles son sus verdaderas intenciones, por qué quieren contar historias.

Los aborígenes de Samoa llamaron Tusitala a Robert Louis Stevenson, que significa “el que cuenta historias”. Realmente Stevenson siempre hablaba de lo mismo. Sus relatos giran en torno a la ambición y la dualidad entre el bien y el mal, aunque esto signifique hablar de todo.  La clave está en la necesidad de transmitir ese mensaje, ya fuera a través del ensayo o el relato de terror, en los mares del Sur o en Edimburgo.

Lorca dijo que el cantaor Manuel Torre era el hombre con mayor cultura en la sangre. Los gitanos no sabían leer ni escribir pero cantaban, bailaban y contaban historias, porque era la manera de hablar sobre su dolor y su experiencia. No tenían libros, por eso transmitían su cultura a través de la sangre. / Quinta

 

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