La ramera

Semana 41, octubre 2011

Estrellato

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Un día, en la casa de un familiar, vi sobre una mesa el libro Piense y hágase rico, de Napoleón Hill. Peor pinta no podía tener. La editorial, en un ejercicio finísimo de semiótica, ilustró la portada con una chistera, y subtituló la obra como “el método más efectivo”. Pues resulta que ese libro que tanto infravaloré está entre los veinte más vendidos de la Historia (de un ranking muy cuestionable). Treinta millones de copias en setenta años. Digo yo que muy efectivo no será. No creo que tanta gente se haya hecho millonaria después de leerlo. Efectivo es liarte con un famoso y contárselo al mundo, lo que los americanos llaman “kiss and tell”. Pero claro, la clave del éxito no está en lucrarse, realmente el libro habla del equilibrio personal. Algo así es lo que buscan artistas como Madonna o Kanye West. No buscan forrarse, no se satisfacen con su fortuna, aunque les ayude, y buscan nuevos caminos, dirigiendo sus propias películas o diseñando vestidos, aunque después se den el batacazo.

Otro artista renacentista es Michael Cera, protagonista de Scott Pilgrim contra el mundo y Juno, que ha escrito el relato Piña. La verdad es que este actor me gusta pero no terminan de convencerme algunos papeles donde hace de joven acarajotado, una especie de heredero de James Stewart. Estos personajes son seducidos continuamente por actrices angelicales, hiperactivas, inteligentes, rayos de luz para vidas tristes, ojos grandes, Zooey Deschanel, Annie Hall Poulain, mequedoembarazadaconquinceañosymedaigualsoyguay. Todo esto no lo digo con mala baba, no es una cuestión de envidia, de verdad. De hecho, me he comido todas estas películas en tardes lluviosas de domingo. Bueno, quizá sí que hay un poco de envidia insana cuando veo que con 23 años le publican un relato en un gran revista norteamericana y la editan en otros tantos países.

Más que renacentistas, puede que sean egocentristas. El ego la verdad es que es muy malo. Que se lo digan a Sean Penn, que se ha pillao un buen mosqueo porque en El árbol de la vida tiene menos presencia que unos dinosaurios que aparecen en un par de escenas. El tío no entendió que somos parte de un todo, y que, como dijo Carl Sagan, “somos material de las estrellas”. Aunque quizá me guste más la definición de Neil deGrasse (o de Joni Mitchell, no sé quién lo dijo primero), ya que viene que ni pintá: “somos polvo de estrellas”. / Quinta

 

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