La ramera

Semana 44, octubre 2011

Cine cebolla

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No sé cómo se las apaña Adam Sandler para hacer siempre la misma película. Insiste en interpretar una y otra vez a un amargado que no le encuentra el sentido a la vida, normalmente porque no ha sabido asumir responsabilidades o no ha sabido valorar lo que tiene. En general suelen ser entretenidas aunque caigan en los tópicos del cine-cebolla, ese con el que se te salta alguna lágrima aunque te dé coraje. Tiene que haber algún componente químico que te hace llorar, una fórmula que contiene música de orquesta en aumento, cara compungida del protagonista, familia decepcionada, y todo da lugar a un nudo en la garganta.

A otro que le cuesta asimilar la vida adulta es a Jim Carrey, y al igual que Sandler, parece que tiene muy claro los papeles que quiere interpretar. En sus últimas películas, cuestiona el sistema y el estilo de vida americano y demanda más aventura. El problema está en que siempre aparece con parejas increíbles, y eso contradice al mensaje de “acabemos con la vida superficial y miremos al corazón”. Vamos a ver, en estas películas nos dicen que es muy bonito que abras los ojos por la mañana y tu mujer esté peinada (o despeinada pero peinada), con la cara maquillada y mirándote con una sonrisa. Si esto me ocurriera en la vida real, me daría un susto de cojones. En el cine familiar se creen que los sentimientos y las personas ideales son artículos prefabricados. La mujer comprensiva con la cara de Kate Beckinsale, el hijo que se ha escapado de un anuncio de cereales… Nos dicen que hay que buscar las emociones pero las emociones que representan son más falsas que un billete de treinta euros. Los únicos feos en Hollywood son guapos a los que le ponen unas buenas entradas y una camiseta horrible.

En el futuro, el cine estadounidense va a ser extremo en ese sentido, ya no habrá papeles para tipos como Peter Boyle, poco agraciados pero con mucho carisma. Sólo Harmony Korine va a estar dispuesto a dar trabajo a los feos, y entonces solo habrá actores terriblemente guapos o auténticos freaks. En medio, estaremos la gente corriente, que nos toca interpretar el papel de espectadores. / Quinta

 

 

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