La ramera

Semana 38, septiembre 2011

Visiones

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Un amigo me dijo hace poco que no le interesaba mucho el cine, sobre todo el de ahora. Piensa que sólo hay dos tipos de películas: las que reivindican algo, esas que tienen una intención y son claramente pretenciosas, y por otro lado están las que no pretenden nada, que generalmente son insulsas. La verdad es que es una visión muy interesante. Eduardo Lago explicaba que en la literatura se han tomado los esquemas de los clásicos hasta desvirtuarlos, y se ha perdido el corazón. Hay que retomar el corazón. A las películas les viene a pasar un poco lo mismo.

Mi ídolo era el padre de un amigo mío, que se bebía un litro de cerveza cada noche mientras veía una sesión doble de western. Se quedaba dormido viendo la segunda película, pero disfrutaba mucho. Es una buena manera de entender el cine. Otra cosa bien diferente es que seas profesional de un medio importante y reconozcas que te quedas dormido durante una proyección de un Festival. Por cierto, la semana pasada soñé que ganaba Sokurov en Venecia y me desperté pensando que sería bonito, pero realmente difícil, verle con el León de Oro.

Hay que tener ganas de ir a Venecia con sus precios abusivos, actores glamurosos llegando en lancha, y salas llenas a reventar. Es una forma de justificar que no puedo ver las últimas de Garrel, Ferrara o Cronenberg, por nombrar a tres de los quinientos que merecen la pena en este Festival. Alguna vez he pensado que si viera todas las películas en Cannes y en Venecia desaparecería el encanto de la espera. Rezar para que llegue a España, para que se estrene en tu ciudad, por encontrarla pronto a través de otros cauces. Y pensar que algunos se quedan fritos durante el estreno de una película que tardaré años en poder ver. / Quinta

 

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