La ramera

Semana 37, septiembre 2011

Más vale Ridley Scott que bueno por conocer

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Un día me dio por decirle a un amigo, fanático de El señor de los anillos, que inventar un mundo como el de Tolkien era muy fácil. Sólo tenías que pensar unas cuántas razas como los Tundormir o los Condoliquis y sumarle atributos en plan peludos, gordos o inmortales, y de paso darle un toque racista. Porque me da a mí que era un poco racista, no sé si por eso de que nació en la Sudáfrica colonial. A Peter Jackson se le contagió un poco, porque no sólo en la Trilogía, sino también en King Kong, los malos están representados como tribus negras muy feas. Lógicamente, no hablaba en serio, reconozco el mérito de Tolkien y la complejidad de su planteamiento. A pesar de mis disculpas, seguro que mañana tengo un ejército de Uruk-hai en la puerta de mi casa.

El señor de los anillos tiene más hijos que Anthony Queen. El último de ellos, Juego de tronos, que viene con el sello de calidad de la HBO, una productora que pegó algunos pelotazos y crió una buena fama. Como Ridley Scott, que hizo Alien y Blade Runner y se está jartando de reír desde entonces. Lo del sello de calidad se ha convertido en otra estrategia de marketing, al igual que la complejidad y la profundidad. Ahora todos los malos tienen que tener algún gesto noble, o presentar alguna duda, al igual que el bueno tiene que encabronarse en algún momento. Esto ha pasado siempre, pero ahora se le ven las costuras, se nota que quieren decir “mira qué complejo soy”. Hay que alejarse del arquetipo Disney pero esto se está convirtiendo en un arquetipo en sí mismo.

Por cierto, Ridley Scott está dirigiendo la precuela de Alien. Definitivamente en Hollywood se les han fundido los plomos. Funcionan con la fórmula “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Con esto de que están las entradas por las nubes uno prefiere no arriesgarse y ver la enésima secuela de Piratas del Caribe o la adaptación del último cómic, y no dejarse sorprender. Lo último de lo último es el reboot, que consiste en reiniciar una película tomando algunos planteamientos del original pero creando un producto nuevo, como Batman begins o el último James Bond. Lo que es de auténtica locura es que hicieran en 2010 una nueva versión de Un funeral de muerte, que se estrenó en 2007. Podían dejarse de inventos y reestrenar año tras año las mismas películas. De todas formas, uno se queja mucho, pero forma parte de esta cultura de series y nuevas versiones, sigue series como Louie o Medium y disfruta con los remakes de Alexandre Aja. / Quinta

 

 

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