La ramera

Semana 35, agosto 2011

Colgar las botas

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Están los que no quieren hacer nada, como el Bartleby de Herman Melville; están los que en un momento dado deciden dejar de crear, como Thelonious Monk; y después están Scorsese y Allen, que han continuado su obra con el piloto automático. Woody Allen ha dejado Manhattan para convertirse en un auténtico guiri. Un turista privilegiado, eso sí, porque se puede permitir grabar el lagarto de Gaudí sin las cuarenta personas que posan encima cada minuto. Si a mí me propusieran algo del tipo Vicky Cristina Barcelona, preferiría no hacerlo.

No sé si este tipo de artistas hacen las cosas por compromiso, porque un primo suyo se lo pide. Es el único motivo que se me ocurre para justificar que Robert de Niro haya participado en Manuale d’amore 3. No creo que lo haga por dinero, porque supongo que le sobra. Si lo hace por razones artísticas es porque han cambiado mucho sus preferencias con respecto a los años setenta. El que la lleva, la entiende. A lo mejor es como Romario, que cuando le tocaba colgar las botas, siguió jugando al fútbol, porque es lo que sabía hacer en esta vida. La diferencia es que el delantero brasileño seguía siendo máximo goleador de las ligas en las que jugaba, a pesar de que llegaba a la cuarentena. Sin duda, el Romario del cine es Manoel de Oliveira. Con 102 años, el tipo sigue en buena forma. Otros, en cambio, podrían plantearse abandonar el barco y no morir por la causa. / Quinta

 

 

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