La ramera

Semana 31, julio 2011

Sexo con Bergman en Nueva York

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A Jean-Luc Godard le gusta ver algún que otro capitulito de House, a Raya Martin le interesa Sexo en Nueva York. Y a Vila-Matas, el juego del Barça. A veces esto consuela un poco. Eres un mediocre que comparte cosas con grandes artistas. Pero claro, a mí me gusta Messi pero no tengo cojones de escribir El mal de Montano. Hay una brecha entre los cinéfilos rígidos que no ven más allá de Bergman y los que siguen de cerca las “lecciones” de Carlos Boyero, pero al final siempre hay encuentros. Es curioso que cuando uno quiere poner un ejemplo, a bote pronto, de cine sesudo, siempre recurre a Bergman o Tarkovsky. Una vez me aposté un desayuno con un tipo al que le dije que Bergman había hecho comedia. Me preguntó mirándome por encima del hombro si sabía quién era Bergman. Al final acabó pagándome un café. Me habría pedido siete tostadas si hubiera sabido que me iba a invitar a ese desayuno.

Que a Godard le guste House puede servir como cita, para que uno se pueda justificar: “qué pasa, por qué no me puede gustar Cougar Town. A Godard le gusta House“. Apoyarse en una cita siempre gusta. Se siente uno respaldado por un ente mayor. Es como cuando decías a tu colega que como te pegara llamabas a tu hermano, y él resulta que llamaba a su padre, y tú recurrías a tu abuelo. Si eso ocurriera en la realidad, sería una lucha dialéctica, pero de niño te gustaba imaginarte a tu abuelo a piñas con el padre de tu colega. Lógicamente ganaba tu abuelo, era más mayor y por lo tanto más fuerte. En una lucha de ese tipo, Godard le ganaría a Chuck Norris. A hostias, digo. / Quinta

 

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